Muy agradecido a los seguidores de este blog, os informo de que termina esta experiencia a la par que acaba el año. La noche que viene es la de los grandes propósitos, ya sabéis, y uno de los míos consiste en ... digamos que administrar mejor la aceleración del tiempo. Ojalá se cumpla esta aspiración y también todas las vuestras. Gracias.

Julio.

Nochevieja de 2013.


lunes, 17 de junio de 2013

Con los «imazighen». Capítulo I: veintidós kilómetros contra dos mulas



Para Laura, Yoli y Pablo
que me arreglaron el chasis
dentro de lo que cabe.



El comandante Julián Prieto y su tripulación suben a bordo.



Sobrevolando el estrecho.
Abajo Ceuta. Arriba, a la derecha, el Peñón de Gibraltar o Djebel Tarik,
así llamado en memoria del caudillo bereber Tarik ibn Ziyad
que pasó a Hispania en el año 711 y la conquistó.
En julio de 2002, los cristianos nos resarcimos en la isla de Perejil.
(Las manchas son de la ventana del avión, ojo). 

 

Ve con Dios.
Aplaca tu vanidad ante Él
antes de que esa soberbia te hunda.
Canción espiritual sufí de Rachid Gholam, Marruecos.
 



I.- Los motivos

Hoy la andadura de este blog desvía un poquito su rumbo. Del noroeste de Iberia al noroeste de África.
Hace muchos años, Primitivo Díaz, Mc Gyver Vega y el que escribe, compañeros de trabajo y de montañas, quisimos coronar una cima más alta y aparente porque las nuestras se nos antojaban pequeñas. Así que nos plantamos en Chamonix y enfilamos hacia el Montblanc por la Tête Rousse y el Goûter. La ascensión nos pareció cosa de coser y cantar hasta que, a eso de las seis de la mañana, en la cota 4.400, a la altura del Vallot, una ventisca sin piedad nos echó abajo junto con toda la procesión. 
Humillados en nuestra arrogancia -al menos un servidor-, seis meses después acordamos doblar la apuesta y subir al Aconcagua pero, al estudiar el plan, resultó que teníamos trabajo fijo -¡qué tiempos!-, vacaciones limitadas, dinero muy tasado, responsabilidades familiares y alma española, o sea, altivez tan encumbrada como honda conciencia de responsabilidad y de culpa. De modo que ... otro fiasco.
Ahora somos previejos, el calendario ya no nos ata, las obligaciones familiares tampoco, la pensión la tenemos asegurada -veremos hasta cuándo-, ganamos en artrosis lo perdido en elasticidad, está consumida gran parte del tiempo que nos fue dado y los libros de autoayuda aseguran que somos ricos en experiencia. O sea que no tenemos mucho de casi nada. Así pues, como afirma Francis Bacon en uno de sus ensayos, ha llegado el momento de la audacia.



Hace unos pocos meses, bajando de Los Fontanes, en el cordal de Ubiña, propuse medio en broma subir al Djebel Toubkal y los compañeros aceptaron entusiásticamente. Somos cinco y cada uno tiene sus motivaciones. El más joven aspiraba a rebasar los 4.000 metros y ahora ya piensa en los 5.000 y en lo que venga. En cuanto a mí, sigo disfrutando los viajes y los gozo incluso más cuando los planeo aunque, desde 2001 para acá, tienen todos ya algo de adiós melancólico y hasta irónico. En fin, el periplo arranca y concluye en uno mismo y, como escribió Du Bellay, feliz quien regresa sabio y lleno de experiencia igual que Ulises y puede vivir con los suyos el resto de sus días. Lo que falta en la reflexión me lo reservo.
El caso es que, en su ensayo sobre la audacia, Francis Bacon viene a decir que aunque un fiasco se repita muchas veces en la vida, la rendición es inadmisible. Al contrario, hay que volver a la carga. Y si es preciso hacer algo de trampa -engañarse a sí mismo quiero decir-, se hace. El filósofo fabuló un suceso muy expresivo. Relató cómo el Profeta pidió que una montaña se acercase a él y le sirviera de púlpito pero, como es natural, ella no le hizo ni puto caso. Fue entonces cuando el predicador, muy circunspecto, proclamó aquello de que si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma irá a la montaña.  Y fue. Y subió. Y quedó como un señor.
Así que uno, después de estrellarse en tantos empeños cuando el tiempo jugaba a su favor, decidió ahora irse al Atlas. ¿Que 4.167 metros son muy pocos y coronar el Toubkal no es una hazaña ni siquiera para un sesentón avanzado¡Vale! De acuerdo. Ya me ocuparé yo de adornarla. (¿Antes dije irónico?)



Picos Biiguinnoussenne (4.002) y Clochetons -Campanarios- (3.963)
fotografiados desde el collado Tizi-n´Toubkal al amanecer.



II.- Sobre los Imazighen (para entrar en materia)


Se cree que el pueblo bereber migró en la antigüedad desde las tierras al sur del Sahara para  instalarse en las montañas del Atlas, entre Marruecos y Argelia. Bereber, del griego bárbaro, es el nombre que los árabes dieron a los imazighen -amazigh en singular-, voz que según los pobladores del Atlas significa gente libre.
En la segunda mitad del siglo VII, las razias árabes impusieron su doctrina en todo el norte de África y los imazighen fueron debidamente islamizados.
Cuando los Omeya decidieron conquistar Hispania, organizaron un ejército de bereberes al mando del general Tarik ibn Ziyad, también bereber, quien pasó el estrecho y, en un pispás, se plantó a orillas del Cantábrico. Don Pelayo, a quien los cronistas musulmanes llamaron Belay, el asno salvaje, se puso a la cabeza de trescientos asnos más -¿qué ye, ho?- y empujó a los moros mapa abajo, pero solo un poquito.
En el X, Abderramán III fundó el califato de Córdoba que llegó a ser la luz del mundo. Pero en menos de cien años aquel sistema político y social degeneró, se dividió en taifas -algo así como nuestro Estado de las Autonomías- y todo el imperio se fue al carajo.
En 1062, el caudillo Ibn Tasfin fundó la ciudad de Marrakech como sede de la dinastía de los bereberes llamados Almorávides o al-Murābitun o habitantes de las rábidas 
Los Almorávides estaban empeñados en vigorizar la fe islámica por vía expeditiva y, ya en  1048, su primer emir, Youssuf Ibn Tachfin, reunió 15.000 hombres de las tribus bereberes para pasar el estrecho, acabar con el estado de las taifas y poner orden en el decadente Al Andalus.


Ésta es la rábida o morabito de Sidi Chamharouch, a 2.310 m de altitud,
en ruta hacia el pico Toubkal. El Diccionario de la Real Academia
define morabito -del árabe clásico murābit- como miembro
de una rábida que profesa cierto estado religioso parecido
al de los anacoretas cristianos. Morabito se llama la ermita o convento
que suele estar en un lugar muy retirado y también el santón que allí vive.
Otra acepción de morabito es la de fortaleza militar-religiosa musulmana
edificada en la frontera con los reinos cristianos.


A mediados del XII, Marrakech cayó en manos de los Almohades, otro movimiento bereber todavía más inflexible. Estos vinieron a la península para restablecer la moralidad después de que sus primos, los Almorávides, se hubieran contaminado con la vida muelle -palacios, jardines, fuentes cantarinas, perfumes turbadores, bellísimas señoras, música y poesía- de Al Andalus. A lo bueno se acostumbra uno pronto y luego pasa lo que pasa. 
Por fin, en el verano de 1212, los reinos de Hispania, órdenes militares y obispos y cruzados venidos de varias regiones de la futura Unión Europea, se aliaron para devolver Al Andalus a la cristiandad. Nuestro Alfonso IX quería participar en tan notable hecho pero, demócrata él, convocó a la Curia y ésta sugirió poner ciertas condiciones al rey de Castilla. Al no haber consenso, los leoneses nos perdimos la batalla legendaria de Las Navas de Tolosa, al menos oficialmente. En fin, en este jardín no piensa entrar un montañero, y menos siendo sincero admirador de Ricardo Chao.

File:SlagBijNavasDeTolosa.jpg
  
Batalla de Las Navas de Tolosa, de Van Halen.


En el actual Maghreb, a pesar de los trece siglos de islamización, la identidad bereber no se perdió. En el último tercio del XX, el gobierno marroquí diseñó un plan para arabizar a los bereberes. Prohibió la exhibición de sus símbolos, trató de eliminar el uso de sus varios dialectos e ilegalizó el Partido Democrático Amazigh. Últimamente parece que algo cambia para que todo siga igual. Estando nosotros en Marrakech, conocimos la noticia de que los nombres propios en lengua amazigh podrán ser por fin inscritos en el registro civil.  


Símbolo amazigh -que representaría al hombre libre- grabado
en el cemento fresco de un muro junto al nacimiento del río de Ouzoud.




III.- La subida al Toubkal. Primera etapa: una carrera contra dos mulas.

 



Imlil, el Chamonix del Atlas.


Durante el período terciario -65 millones de años atrás- la colisión de las placas tectónicas de Eurasia y África causó el levantamiento de la Cordillera del Atlas. El choque de África y Europa fue también responsable del cierre del Estrecho de Gibraltar y del alzamiento de los Pirineos y Los Alpes.
El Toubkal es la mayor cumbre del Atlas. El 12 de junio de 1923 el Marqués de Segonzac, Vicent Berger y Hubert Dolbeau pisaron la cima por vez primera, al menos oficialmente. Hoy la coronan miles de montañeros cada año y durante las cuatro estaciones.




Imlil.

Imlil, a unos 70 km de Marrakech, sería como el Chamonix del Alto Atlas salvando todas las distancias, que son muchas. De aquí parte la ruta más frecuentada hacia el Monte Toubkal. 
Los vecinos imazighen de Imlil atienden pequeños negocios de hospedaje, alimentación y venta de artesanías y proporcionan guías y las mulas de carga para facilitar a los montañeros la andadura de once kilómetros con arduos vericuetos que lleva desde el pueblo (1.780 m) a los refugios Neltner y Les Mouflons (3.207 m), desde donde se acomete la segunda etapa.
Los más lujosos hoteles en los alrededores de Imlil son de propiedad extranjera. La Kasbah Tamadot es de Richard Branson y la del Toubkal, en Imlil, pertenece a Discover Ltd., firma de negocios británica. 


Cargando nuestras mulas, las pobres.    


La Kasbah del Toubkal, en Imlil, alojamiento turístico
edificado a partir de una antigua fortaleza.


Saliendo de Imlil hacia Arremd.

En uno de los artículos que el profesor Alipio G. de Celis nos proporcionó para mejor disfrutar del viaje, se dice que la estructura geológica del Atlas es muy diferente a la de los Alpes. Montaña poderosa y masiva, es un verdadero pliegue de fondo que, por un movimiento vertical, ha levantado a más de 4.000 metros el zócalo africano y una gruesa cobertura vulcano-sedimentaria que data de la era primaria y pérmico-triásica, es decir, de entre 542 y 252 millones de años atrás. De ahí que abunden tanto aquí los fósiles de ammonite, moluscos cefalópodos que vivieron entonces, que los lugareños encuentran con facilidad en estas barrancas desnudas y que los viajeros y turistas compramos por decenas de miles cada año y a muy bajo precio. He estado mirando webs especializadas y comprobando cómo una pieza, que en Marrakech se puede adquirir por 20 euros, aquí cuesta 200 o más. Imagino el expolio que debe de haber en torno a este asunto.

 

Arremd, sobre la escombrera de un enorme glaciar rocoso.


Los efectos de la última glaciación en el área dejaron resultados espectaculares. A la salida de Imlil puede verse la imponente y enigmática acumulación de Arremd. Este pueblo fue edificado a 1.900 m de altitud sobre una colosal masa de bloques que aún hoy obstruye el valle y a cuyo través el torrente, tantas veces desaforado, logró abrirse paso. La escombrera de Arremd tiene 120 metros de espesor y mide 2,5 km de longitud de este a oeste.
 



Arriba y abajo: la acumulación de Arremd.


 
 


Pasado Arremd, inmediatamente aparece la planicie sedimentaria que sugiere la existencia de un lago antes de que el torrente abriese paso franco en la brecha. Hoy los vecinos de estas aldeas, con los métodos más rudimentarios, extraen aquí arena para la construcción. 








Discretamente robamos esta imagen a una pareja que atraviesa el arenero para emprender la subida. Todo indica que transportan vituallas para abastecer alguno de los chiringuitos -bebidas, comidas, adornos, turbantes, fósiles- que jalonan la ruta hacia el morabito de Sidi Chamharouch y al Toubkal. (Cae un prejuicio: el hombre camina y la mujer cabalga).





Pasado el arenero empieza la ascensión. 

 






Apenas hay tierra donde pueda medrar pasto en el curso del Assif-n-Issougouane y por encima de los 2.000 metros ya no crece más árbol que alguna sabina.







De vez en cuando, en una cabaña de pastores vemos instalada una tienda de bebidas frías, ricos zumos naturales, fósiles y archiperres diversos.


 
 
A unos seis kilómetros de Imlil y a 2.327 m de altitud descubrimos el lugar sagrado que preside el morabito de Sidi Chamhaourch.
Alrededor hay varias construcciones de piedra albergando tiendas de bebidas frías y calientes, fósiles y comidas. Al otro lado del puente, donde está el morabito, solo pueden pasar los musulmanes. Allí hay una cueva donde, según la tradición, el Señor Chamharouch se cobijó una noche.
El Sidi Chamharouch es una especie de jefecillo entre los djinn, criaturas sobrenaturales del mundo islámico. De día se presenta bajo la forma de un perro negro y de noche adquiere forma humana. Aquí mismo, junto a un peñasco pintado de blanco, hay una fuente sagrada que llena dos bañeras, una para hombres y otra para mujeres, colocadas en habitáculos aislados entre sí. Los peregrinos se sumergen en el agua vistiendo solo la ropa interior -como en Lourdes- e igualmente salen disparados por la insoportable temperatura del líquido y porque, cuanto más deprisa salen, dicen que mejor se curan sus padecimientos.
El cuidado del morabito está al cargo de los vecinos de Imlil, Arremd y Mzic, las aldeas más altas de la zona. Cada año le toca a un pueblo aportar las vacas sacrificadas en la fiesta de agosto.
La Aït Mozane, tribu tamazight que habla el dialecto bereber tashelhit, es la principal en este valle de Imlil.



Nuestras mulas acometen la escalera de acceso al poblado de Sidi Chamhaourch.





Los vecinos tratan de que se mantenga limpio el lugar.




Repasando las existencias de agua por si hay que reponer.




Si la piedra custodiada en la Kaaba de La Meca es negra, este morrillo del morabito de Sidi Chamaourch es blanco porque lo vienen pintando -no pude comprobar si con cal o titanlux- desde siempre con ese color. Como a los cristianos y demás infieles les está vedado cruzar el río, robo las fotos desde la orilla opuesta al Santuario. 







Un peregrino -o quizá el muecín o almuédano- descansa
sobre el techo de la mezquita.
 



Un hombre viejo calza babuchas finas mientras camina sobre el pedregal.


Dos vecinos parecen revisar la conducción de agua potable. A cada chiringuito llega una manguera que continuamente rocía de agua fría el mostrador de frutas y bebidas. La rápida evaporación causa que todos los productos se encuentren, además de limpísimos, a una temperatura ideal.




Dos vecinos -acaso peregrinos- meditan sobre los bloques arrastrados en otro tiempo por el hielo. Durante la glaciación de Würm, la última, desde la cabecera del valle del Toubkal se desplazaba una lengua de cinco kilómetros. Aquí, a la altura de Sidi Chamharouch, se ven bloques erráticos de gran tamaño que debieron ser arrastrados desde las proximidades del Toubkal. El glaciar habría llegado hasta el estrechamiento del valle, justamente por encima de Sidi Chamharouch, lo que situaría el límite de las nieves permanentes hacia la cota de los 3.200 m, o sea, donde hoy se encuentran los refugios a los que nos dirigimos.
 


Abajo va quedando el morabito con su peñasco blanco. Por encima de Sidi Chamaourch hay una subida dura que va a salvar la base del glaciar. En adelante ya se avistan cumbres de mucho cuidado y numerosos valles glaciares colgados.






Estamos a primeros de junio y tanto las cabras como las mulas encuentran y aprovechan los brotes verdes que las economías europeas no ven por ninguna parte.






Por fin, a lo lejos aparecen los refugios del Toubkal. A primera vista el conjunto se me antoja un monasterio tibetano, aunque uno suele tender a la hipérbole. ¿Eh, Carmelín?
Hasta alcanzar los 3.100 metros de altitud logramos mantener el pulso con los muleros que, agarrados al rabo de los animales, suben las cuestas como en volandas. Esta dura modalidad de ascensión -carrera contra la mula- explica por qué desde Imlil al refugio tardamos cuatro horas y media -paradas incluidas- cuando todos los foros y webs hablan de cinco a seis horas.






Tomamos un primer descanso. Las mulas también.



Después de la instalación en el dormitorio y de la ducha -el refugio está bien dotado y cuidado-, tomamos el té de bienvenida que nos ofrecen los guardianes.




Cuando ya el alud de sombras se abalanza sobre los refugios, hacemos la preceptiva salida previa para inspeccionar los alrededores con intención de no perder tiempo mañana. La partida desde los refugios hacia el Toubkal se debe hacer bastante antes del alba para poder gozar del espectáculo que siempre apasiona a los montañeros: ver cómo se van inflamando las cumbres y cómo el fuego solar se descuelga hasta dorar el desierto de Zagora, unos 130 km al sur.


Este será el primer tramo de la ascensión, hasta alcanzar
la base de lo que fue un glaciar colgado.



Esta primera exploración nos lleva a remontar el curso del Assif-n-Issougouane y a descubrir la cascada y la cueva que se esconde tras ella, donde columnas de hielo 
avisan que de madrugada hará un frío de perros. 



El bueno de Manolo Arbas, que duerme poco, toca diana a las cinco. Como su reloj
sigue con el disparatado horario de España, el asunto le cuesta algún improperio.
El caso es que volvemos al catre -mis planes eran otros- y, por esta causa, la salida
se retrasa mucho más de lo deseable. 
Cuando alcanzamos la base del circo colgado, remontados apenas 200 metros de cota,
ya el sol ha representado lo mejor de su espectáculo diario en el sur, aunque nuestro flanco sigue en la sombra. En lo alto se calienta la atmósfera y el tiro por el Ikhibi Sur,
 la ruta que seguimos, es fuerte y glacial.


Encontramos algún pequeño nevero.
Nos dicen los lugareños que, al contrario que en España,
aquí apenas ha nevado en todo el invierno.




Cuando alcanzamos el collado, el sol ya se ha alzado lo suficiente para que el Ikhibi Sur,
por donde hemos venido subiendo, esté iluminado.
El frío, no obstante, sigue siendo de cuidado.



La luz del sol empieza a asomarse también por el collado, el Tizi-n-Toubkal,
a 3.940 metros de altitud, por donde algunos montañeros, como este guía bereber,
ya vuelven de regreso hacia el refugio. 




Hace al menos dos horas que el flanco norte del valle -Les Clochetons en el centro-
se ve completamente iluminado.


Les Clochetons o Campanarios, 3.963 m.
Desde el collado hacia arriba ya aprecia nuestro fuelle la sutileza del aire.


Y al fin la cumbre, coronada por un estrafalario tenderete.




A pesar de que muchos ya han emprendido el descenso, en la cima aún quedan europeos, japoneses, australianos, norteamericanos, bereberes y montañeros del mundo entero haciéndose las fotos testimoniales.




 


Desde la cima, a pesar de que la atmósfera ya se va enturbiando, se ven los pueblos
de Imlil y Arremd -imagen superior- y la aldea de Amsouzart, al sur,
el poblado más cercano al lago Ifni.



Y ahora, antes de iniciar el descenso, un apunte acerca de la subida al Toubkal:

La ascensión me pareció muy llevadera en esta época del año. La nieve se ha fundido, apenas hay hielo verglas -visible y evitable- en algunas piedras al amanecer y no existe tramo alguno donde sea necesario trepar ni tomar precauciones excepcionales. Supongo que las últimas semanas de mayo y la primera de junio son las mejores para los excursionistas más comedidos.  Cosa distinta debe de ser la subida en invierno o inicio de primavera cuando, a veces, las mulas no pueden llegar al refugio. Entonces es imprescindible el uso de piolet y de  crampones para subir del refugio a la cumbre y quizá no esté de más un cordino en algún paso ni la compañía de un guía local si la concurrencia de montañeros es muy escasa en la fecha elegida y no hay un carril bien marcado. 

En cualquier caso, conviene tomar días antes contacto por e-mail con los refugios a través de la web  http://www.refugetoubkal.com/ La información que nos proporcionaron en cuanto a disponibilidad, reserva de taxis y de mulas, precios de alojamiento, comidas en el refugio, estado de los senderos y previsiones meteorológicas, fueron totalmente acertadas.



Creo que solo falta en este reportaje alguna imagen más explícita sobre el Ikhibi Sur que es la ruta seguida por la mayoría de montañeros. En la foto superior, con el valle por fin iluminado, se aprecian los senderos a través del circo glaciar coronado por el collado o Tizi-n-Toubkal desde el que apenas falta salvar 230 metros de desnivel hasta la cima.

 


El tramo más duro es el que media entre la base de este circo y los refugios.
En la foto superior, prestando un poco de atención, se puede apreciar al fondo 
un punto de color rojizo. Es el tejado del refugio Neltner.
En la imagen de abajo se distingue un poco mejor.




De vuelta en el refugio, el guardián nos tiene preparadas estas discretas bandejas de spaguetti con carne, tomate y ricas especias bereberes de las que apasionan al compañero Julián.


Y esto es todo por hoy.
En un próximo capítulo trataremos sobre Marrakech
y sobre algunas maravillas naturales en el área.
Y luego volveremos a lo nuestro.
Insha´Allah.

5 comentarios:

Maria José Costales dijo...

Detallado y entretenido relato. ¡Cómo no! Y las imágenes, increíbles. Da gusto recorrer parajes tales de la mano de tan buen "capturador" de esencias. Gracias, Julio.

Ricardo Chao Prieto dijo...

Gracias por lo que me toca. Espero que lo pasarais genial...

Julio A. R. dijo...

Salam aleikum, Ricardo. Me alegra saber que ha llegado a tus ojos el guiño de admiración.
Me gustó mucho tu relato en "Leyendas leonesas contadas por..."
«Todavía eres muy joven y esperamos grandes cosas de esa lanza».
Abrazos para los dos.
J.

G. de La Pola dijo...

Preciosas fotos de ese lugar que roza casi el cielo (BENDITO ATLAS!) Gracias por hacernos participes.

gmgi dijo...

Monto bene;;