Muy agradecido a los seguidores de este blog, os informo de que termina esta experiencia a la par que acaba el año. La noche que viene es la de los grandes propósitos, ya sabéis, y uno de los míos consiste en ... digamos que administrar mejor la aceleración del tiempo. Ojalá se cumpla esta aspiración y también todas las vuestras. Gracias.

Julio.

Nochevieja de 2013.


martes, 21 de mayo de 2013

Días de la Luna que baña con su mirada el hogar de los hombres


Dvorak: Rusalka. La Canción de la Luna.
Anna Netrebko.

Horacio escribió sobre la necesidad de agradar, de deleitar para instruir con mayor aliciente y, por tanto, con éxito. El gran poeta de la Roma clásica aconsejó sobriedad y precisión a quien pretende enseñar y verosimilitud a quien quiere enganchar al auditorio.


Ésta es una vista parcial de la Veiga del Panazal, en el camino a Los Puertos de Villafeliz. Aquí, en la cota 1.370, hay unas 170 hectáreas de terreno primorosamente raseadas, como si el mejor de los albañiles hubiese puesto todo el esmero en darla de llana. Así, nevada, la planicie perfecta, cercada por riscos calizos, resulta un paisaje insólito. 
De inmediato, el profano en asuntos de geomorfología y glaciarismo supone que todo esto es producto de la paciente sedimentación en una laguna, ante una lengua glaciar en retirada.
Pero seguramente hay mucho más que conocer sobre el asunto.




19 de mayo de 2013. Se anuncia un día de perros aunque la abrigada Lula acaso preferiría la expresión día de hombres. Una mala jornada en lo meteorológico pero, aun así, la Posada Real Días de Luna ha decidido mantener el programa de actividades previsto para hoy.

Alipio García de Celis, Doctor en Geografía en la Universidad de Valladolid, nos ayudará a comprender los efectos causados durante la última etapa glacial en el paisaje excelso camino a los Puertos de Villafeliz de Babia.  
Las condiciones atmosféricas no son las mejores, pero todos los días tienen su aquel. Por de pronto, contamos con un guía cuya labor alabaría, sin duda, el poeta Horacio.

Nuestro  profesor empieza planteando la excursión no como una clase magistral que se imparte desde el estrado a las gradas sino como una investigación en toda regla, una indagación en equipo con un objetivo que va muy allá: tratamos de conocer -nuestra montaña, en este caso- para apreciar, cuidar y aprovechar lo mucho que el patrimonio natural ofrece.








La Veiga del Panazal a 1.370 m de cota.
Muy  cerca, pero a un nivel 250 metros inferior, 
el río Luna discurre junto a la ermita de Pruneda.

Primero hemos de sondear la estructura sedimentaria de la vega y, si todo confirma lo que venimos dando por supuesto, habremos de preguntarnos por qué se originó aquí arriba semejante balsa cuando no parece que hubiera en su  momento barrera alguna capaz de impedir el drenaje directo desde el glaciar hacia el fondo del valle del Luna que está ahí mismo, casi a un tiro de piedra, bajo un escalón de 250 metros. 



 En medio de este bellísimo, imponente panorama, la dulce Sole
-no abstraída sino muy atenta- parece acreditar su propio nombre.  


Sugiere el profesor que busquemos algún lugar donde el río que araña la campera haya dejado un corte significativo en la capa de sedimentos.
Enseguida encontramos un meandro, próximo al desagüe del valle, donde hay un talud casi vertical. Cerca crecen algunos abedules, los intrépidos colonos de estas alturas en la desnuda montaña de Babia.




Alipio escarba y escruta los estratos -las varvas en sueco- buscando indicios relevantes. En esta parte comprobamos cómo en el espesor de los sedimentos, de al menos veinte metros, se alternan capas de arcilla -depósitos muy finos, materia inicialmente suspendida en el agua- con tongadas donde abundan materiales de mayor volumen y peso que forzosamente hubieron de ser transportados entre la masa de hielo.
La piedra de cuarcita que examina el experto proviene de algún lugar alejado porque no hay tal tipo de roca en este valle del Panazal.


La aterida dueña de esta mano de nieve, en la durísima roca metamórfica que llegó con el hielo, descubre un corazón. Lo que nos lleva a reflexionar sobre la idea, poco comprensible, de las dimensiones del tiempo geológico. Del cósmico ya ... ni hablamos.


Después de un barrenamiento metafísico sobre los principios y causas del mundo y la vida, vuelve el humano al barro del que está hecho -y embadurnado- y a una preocupación: hay que hacer un prelavado de botas y pantalones en el río.

 










A medida que remontamos el valle observamos cómo disminuye el sedimento fino y aparecen más y más bloques pesados, algunos enormes y de características extrañas al lugar; unas moles que solo pudieron llegar hasta aquí viajando en un vientre de hielo.


El hombre y el tiempo.
De tiempo estamos hechos, de una pizca del tiempo que huye.





 

 

¿Qué llama la atención del grupo?

 
En la campera aparece uno de tantos bloques erráticos cuya constitución nada tiene que ver con el tipo de peña nativo en este área de El Panazal. Forzosamente, este pedazo de cuarcita tuvo que haber viajado en el glaciar desde mucho más arriba, desde donde aflora este género de roca, para llegar aquí, donde se fundió la masa de hielo preñada de peñas.


Continuamos valle arriba en busca de otras huellas -glaciares colgados, glaciares rocosos- y asimilando conceptos y vocablos.




Por todas partes discurren sendas hilvanando antiguas majadas donde permanecen vestigios de paredes, corrales y chozos que los pastores edificaron hace no tanto tiempo usando pedruscos albinos despeñados desde los riscos próximos pero también cantos de arenisca que el glaciar transportó hasta aquí hace quizá ... ¡veinte mil años!



El hombre y el tiempo.
El Minotauro en su laberinto.

Hasta aquí llega el reportaje de hoy. Ya sé que queda sin respuesta la pregunta planteada al principio. ¿Por qué se originó en El Panazal tal acumulación de sedimentos y por qué el glaciar no drenó directamente hacia el fondo del valle del Luna que está tan cercano? ¿Qué barrera lo impidió?
¡Ah! Nosotros creemos conocer la respuesta, pero es en las publicaciones de Alipio García de Celis y de sus colegas y alumnos donde deberéis buscarla. Sólo me atrevo a dar una pista: hasta no hace muchos años se dio por hecho que en el punto álgido (1) del último período glaciar -pongamos que hace unos 20.000 años-  el hielo cubría por completo el norte europeo incluyendo las islas británicas, buena parte de Alemania, los Países Bajos y el norte de Francia además de áreas aisladas como las cordilleras alpina y pirenaica e incluso más meridionales.
Sobre el glaciarismo en la cordillera cantábrica se ha investigado mucho en los últimos años y la primera idea acerca de glaciares de valle, glaciares de circo y masas de hielo perpetuo a partir de la cota de los 1300 metros aproximadamente, se ha trocado hoy en una certeza diferente y fundada en prospecciones y evaluaciones rigurosas. Parece que en torno a las cabeceras de los actuales ríos Sil, Luna, Narcea, Pigüeña, Teverga, Huerna ..., se originó un casquete glaciar de muy considerables proporciones cuyas lenguas terminales alcanzaron lugares mucho más distantes de lo que en principio se estimó y, por tanto, cotas bastante inferiores.
Dicho lo cual, elucubre el amable lector de este blog acerca de qué tipo de barrera pudo encontrar el glaciar de El Panazal de Villafeliz cuando su frente se asomó al valle del Luna.
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Accede desde aquí a la web de DÍAS DE LUNA
para estar al tanto de los frecuentes seminarios o talleres que este modélico hotel
organiza en relación con disciplinas tan diversas como astronomía, literatura,
geología, biología, etnografía y qué sé yo. El precioso edificio, que fue escuela
de primera enseñanza en Sena de Luna, es desde hace años uno de los establecimientos
más admirados y celebrados de la Red de Posadas Reales de Castilla y León.
(Para referirne a la amabilidad de Sole, Gerardo y Gloria y para describir
la excelencia de la cocina no tengo palabras).





 


 


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6 comentarios:

Mar dijo...

Qué placer de Taller. Qué privilegio formar parte de un grupo mimado por más de un maestro. Qué generosidad la vuestra de compartir con nosotros vuestra sabiduría de tantos años de amor por estas tierras, que se abrieron para nosotros descubriendo sus secretos. ¿Para cuándo la próxima?

Ernesto dijo...

Que preciosa clase de geología y que maravillosa manera de disfrutar de la naturaleza, del conocimiento y de la vida.

Mara dijo...

¡Qué delicia de paisajes! Gracias por hacernos sentir la emoción de caminar por tierras de León aunque sea de forma virtual.

Gey Hard dijo...

Fotos excelentes con una mirada especial que transmiten amor a la tierra y un alma sensible. Textos que amplían el espectro de los paisajes dándoles una perspectiva que el ojo es incapaz de captar. Banda sonora que nos transporta al espacio soñado.
Disfrutar de este blog es acabar deseando estas tierras tan hermosas como olvidadas. Gracias mil, Julio.

Julio A. R. dijo...

Muchas gracias. Eres muy generoso en tu comentario.

Julio A. R. dijo...

Perdón: quise decir "sois muy generosos" Mar, Ernesto, Mara, Gey.