Muy agradecido a los seguidores de este blog, os informo de que termina esta experiencia a la par que acaba el año. La noche que viene es la de los grandes propósitos, ya sabéis, y uno de los míos consiste en ... digamos que administrar mejor la aceleración del tiempo. Ojalá se cumpla esta aspiración y también todas las vuestras. Gracias.
Miércoles, 27. Salida a las seis y media. Camino Real. A la derecha la famosa Peña de Ubiña, que se cree ser la más alta de España. Se ve desde tierra de Segovia y desde muy dentro del mar. Los de Cudillero, que navegan por ella, la llaman La Becerra.
De los Diarios de Jovellanos: Viaje a León en junio de 1792.
Jovellanos(Gijón, 5-01-1744 / Puerto de Vega, 27-11-1811).
En 1789 la Revolución Francesa puso las orejas de punta a la aristocracia española y a los políticos más conservadores. Desde Palacio echaron el ojo a los intelectuales reformistas y se deshicieron de ellos a la primera ocasión. A Jovellanos lo enviaron a Asturias con la instrucción expresa de que no regresara hasta nueva orden. Durante ese primer exilio siguió prestando grandes servicios a su provincia y al estado y por esta causa viajó mucho. En junio de 1792, siendo Subdelegado de Caminos de Asturias, vino a León y a El Bierzo y entró en Babia por el Puerto de Ventana y Torrebarrio.
La brañina de Trobaniello. Al fondo, el pueblo de Ricabo.
Para ascender por la vertiente asturiana utilizó el Camino Real de Quirós que viene a confluir el de Teverga -la actual carretera- justamente en el Puerto de Ventana. El día 5 de junio pasó junto a las ermitas de Trobaniello y Porcinero.
Brañina de Trobaniello.
Prosigue Jovellanos: En lo alto de las revueltas se ve la gran cañada -se refiere a Páramo y el desfiladero de la Estrechura- y montes que describen el Concejo de Teverga.
Páramo desde Trobaniello.
En lo hondo, tal como lo vio Jovellanos, el pueblo de Páramo y la entrada al desfiladero que llaman La Foz de La Estrechura, en cuyo extremo opuesto está la famosa Cueva Güerta y el pueblo de Fresnedo.
Llegando junto a la ermita de Trobaniello y habiendo salvado el desnivel de
830 metros que media desde la aldea de Ricabo, escribió en su diario:
subida penosísima, lo fue más por habernos cogido una copiosa lluvia.
Nuestra Señora de Trobaniello.
Esta imagen fue obtenida utilizando como soporte para la cámara una mórbida y adaptable bota, más que mediada de vino, que Manolo el de Arbas encajó en el ventanuco minúsculo de la puerta. Exitosos resultaron la foto y el vino.
... el puerto es alto, de excelente suelo y donde se pudiera hacer un buen camino veraniego.
A fuerza de subir y dar vueltas se dobla la Peña de Parada y sigue buen camino
hasta encontrar el de Teverga, que se une en la garganta misma que hacen las alturas
y en una bajada -que acaso tomó el nombre de Ventana- acaba Asturias.
Se aprecia en la nieve el antiguo Camino Real que baja del
Puerto de Ventana al pastizal de Los Chamuergos y Porcinero.
Desde Ventana se baja a Porcinero donde no hay abrigo alguno.
Serenidad, descanso, continuación del camino; encuentro de un gran rebaño
de merinas de la cabaña de Béjar, hoy de Fernán Núñez. Se conoce otro clima
y otro país. Casi ningún árbol -y estos pelados-, casi ningún cultivo excepto
algún centeno; poca hierba de siega, mucho pasto fresco y corto.
Jovellanos no encontró abrigo alguno en Porcinero aunque el Catastro de Ensenada
refiere que hay dos casas para albergue y hospicio de pasajeros así como para los que visitan el Santuario.Quizá por ocurrir este viaje en junio, con días largos y mejor tiempo, los vecinos que atendían la venta andaban a la hierba o en otras ocupaciones.
Iglesia de San Claudio en Torrebarrio, renovada sobre una gran peña.
Torre de Barrio -anotó Jovellanos-, lugar compuesto de tres barriadas al pie de una gran peña con un riachuelo y en llano. Casas pajizas. Una ermita nueva e iglesia renovada sobre una gran peña.
Entre Porcinero y Trobaniello median seis kilómetros y medio de los cuales el tramo más largo, el que discurre por términos del Principado, es prácticamente llano y de excelente suelo. Buen camino -veraniego o invernizo o de entretiempo- para pasear y recordar al ilustre asturiano. En tiempo de Jovellanos también abundarían en política los profesionales de la mamandurria, como hoyocurre, pero ¿cuántos políticos hay hoy con la talla del gijonés?
¿Y es posible que vuesa merced no sabe que las comparaciones que se hacen de ingenio a ingenio, de valor a valor, de hermosura a hermosura y de linaje a linaje son siempre odiosas y mal recibidas? (El Quijote, II, 23).
Hoy día, quien quiera adquirir un santo en cualquier tienda de imaginería sacra tiene que andar con ojo, sobre todo si el bienaventurado en cuestión vivió entes del XVI, porque la hagiografía y la iconografía alusiva a los quince primeros siglos del cristianismo está algo embrollada. Hay mucho nombre duplicado, mucha leyenda amañada y mucho atributo revuelto. Así las cosas, el vendedor puede estar más atento a cerrar el negocio que a poner mucho rigor en él y arriesgarse a perderlo. Sé de una parroquia en Laciana a la que le colocaron un santo por otro y ahora los fieles, sin saberlo, piden mercedes al intercesor equivocado. No sé cómo les irá.
La iglesia de Montrondo está dedicada a Santa Marta, pero la casa principal del retablo la ocupa Santa Marina y Santa Marta no aparece por ningún lado. Es algo extraño, sí, pero no parece producto de un error. La talla de Santa Marina debió de ser encargada allá por el XVIII y entonces estos asuntos se llevaban con rigor. O sea que el lío no debe de ser fruto de una confusión sino, más bien, algo intencionado.
Vayamos por partes.
La imagen, no hay duda, corresponde a Santa Marina de Antioquía. Así la llamaron y aun la llaman los cristianos ortodoxos. Ellos, los bizantinos, la representan castigando al demonio a mazazo limpio pero, en el occidente europeo, la leyenda de esta mártir fue retocada con alguna innovación interesante que restó protagonismo a la maza en favor de la Cruz. Incluso en algunos lugares la confunden con Santa Margarita. Y ojo, porque Margaritas las hay también surtidas.
El caso es que Santa Marina de Antioquía tuvo una vida corta pero tremenda. Convertida a la verdaderafé en su juventud, los sacerdotes paganos, intolerantes ellos, la sometieron a todo tipo de tormentos, a cual más bestia. Acaso el menos truculento, el único con final feliz aunque no definitivo, fue aquel en que un dragón trató de devorarla y digerirla. Menos mal que a la doncella se le ocurrió echar mano de un crucifijo que llevaba consigo para rasgar la panza del bicho y salir triunfante. A efectos materiales la victoria fue pírrica ya que, poco después, los fanáticos ordenaron decapitar a la muchacha y a quince mil correligionarios suyos nada menos. Estoshechos habrían ocurrido a principios del siglo IV.
Andando el tiempo, le leyenda de Santa Marina parece que fue objeto de varias adaptaciones y mejoras, mayormente de matiz. Lo cierto es que suele ser representada como una virgen gloriosa que pisa la cabeza de un monstruo mientras levanta con una mano el crucifijo y alza en la otra la palma del martirio.
El cabezón del monstruo, con rasgos entremezclados de gocho, lobo y burro zamorano, es bien visible en la talla de Montrondo. De la cruz que la santa llevaría en su mano izquierda solo queda el palo inferior y la palma del martirio desapareció por completo.
Esta Santa Marina de Antioquía es la patrona universal de las parturientas. es fascinante casualidad el hecho de que las feligresas de Montrondo bendigan con frecuencia a Omaña con sus partos dobles pero vayamos al grano porque más fascinante aún, y quizá nada casual, es la similitud entre el episodio biográfico de la Santa Marina que se enfrentó al dragón y la siniestra leyenda atribuida al Chao de Montrondo.
La reliquia de la última glaciación que en Montrondo se conoce como El Llao o El Chao -o sea, El Lago-, se encuentra a unos 1.800 metros de altitud, al pie de la peña de Los Dados y muy próxima a la cumbre sudoeste del Tambarón. Hay que caminar unos ocho kilómetros y salvar quinientos metros de desnivel para llegar desde el pueblo hasta allá arriba.
Como ocurrió en tiempos pasados con cualquier excepcionalidad geográfica, El Llao también mereció su leyenda. El mito del dragón tiene versiones que difieren algo entre un pueblo y otro o según el filandón en que se escuchen y la capacidad fabuladora del relator. En Montrondo oí decir que, en la antigüedad remota, El Llao era morada de una serpiente descomunal que mantenía aterrorizada a toda la feligresía. El monstruo exigía que cada año, por la fiesta del Corpus, los vecinos le entregaran una doncella. La elección de la víctima se hacía por sorteo y, en cierta ocasión, le toco el turno a la familia de un poderoso quien, a base de dinero y coacciones, logró sustituir a su hija por la moza de una casa muy pobre. En víspera del Corpus, cuando la muchacha subía hacia El Llao para sacrificarse, saliole al paso una hermosa y dulce anciana, acaso la Virgen María, quien le entregó un rosario y le advirtió:
- Cuando la serpiente asome la cabeza fuera del agua, échaselo entre las fauces.
Y así ocurrió. La moza le arrojó el rosario y la bicha murió entre horribles estertores, con la cruz atravesada en el tragadero, y el cuerpo desapareció en el fondo para siempre jamás.
Al oeste del Tambarón, en el hermoso lugar de Salientes, la siniestra fama de El Llao también infundió en su tiempo mucho temor. Charlando hace unos días con Carmen, la artista de las Mil Madreñas Rojas, recordaba ella su infancia, cuando le hablaban de aquella serpiente que, por llevar viviendo en El Llao desde siempre, zampando ganados y pastores, había llegado a alcanzar un tamaño descomunal.
- No sé si la laguna causaba inquietud porque allí se ocultaba el monstruo o, al contrario, fue la inquietud de los antiguos pastores la que terminó dando origen al mito. Así son también las leyendas, reveladoras y equívocas, como la voz de las Pitias.El caso es que la laguna del Tambarón era inquietante y a mí, de pequeña, su solo nombre me causaba terror.
El Tambarón visto desde el Miro de la Gloria.
- Parte de aquel pozo tiene un fondo más o menos claro y pedregoso pero el resto está cubierto de limo y de plantas acuáticas. Si arrojas una piedra en esa zona, ni siquiera escuchas el golpe contra el agua. Siempre oí decir que por allí había coladeros profundos de donde jamás volvía a emerger lo que entraba. Todo el mundo sabía que varios bueyes de Montrondo habían desaparecido por aventurarse a beber más adentro de lo prudente.
- En Salientes nunca nos explicaban con detalle cómo había sido la relación de los vecinos con la serpiente en aquellos tiempos del terror. Contaban que los antiguos habían llegado a un pacto según el cual el monstruo se comprometía a permanecer en las profundidades, sin dejarse ver, sin atacar a nadie, a cambio de que una persona del pueblo acudiera cada día de San Juan, a la salida del sol, para servirle de alimento. Y así ocurría uno y otro año. Al amanecer de cada 24 de junio aparecía la bicha que, tras engullir a la víctima, volvía a dormitar en el fondo. - La persona que debía sacrificarse era determinada por sorteo y ocurrió que, en cierta ocasión, le tocó la desgracia a un anciano viudo y con varios hijos. Uno de ellos, la muchacha mayor, pensó que sería tremendo para sus hermanos perder al padre, por más que fuera hombre viejo. Por eso decidió entregarse ella misma al monstruo.
- En la víspera de San Juan, por la tarde, la rapaza se puso en camino con intención de ir dormir al otro lado del Tambarón y despertar a la orilla del agua, como exigía el acuerdo. Esta es la parte de la leyenda que más me angustiaba cuando yo era niña. El camino por donde subía la pobre muchacha era la senda de La Perdiguera, hoy ya extraviada. Pensábamos nosotros en lo que ella sentiría mientras doblaba las curvas, montaña arriba, viendo alejarse todo lo que conocía, sin nadie que la acompañase, yendo a encontrarse con la sulebra enorme que emergería y la engulliría en cuanto el primer rayo del sol se posase en el agua opaca. Esto es lo que afirmaba la tradición, aunque nadie sabía de verdad lo que allí ocurría. Sencillamente, los que iban no volvían ni aparecía rastro de ellos nunca jamás.
Salientes visto desde El Tambarón.
- Rememoro la historia y, aun hoy, la ascensiónde la chica por La Perdiguera arriba me parece lo más angustioso, lo más insoportable. Al menos hasta el momento en que se encuentra con alguien que viene en sentido contrario. Es una mujer que lleva un saco al hombro, que se detiene a la altura de la muchacha y trata de saber a dónde va por aquellos andurriales y a tales horas. La moza se lo explica. Lo que escucha la dama del saco es tremendo; por eso la mira compasiva, busca algo entre sus ropas, le entrega un rosario y le advirte que tan pronto como la serpiente abra sus fauces, se lo arroje dentro.
- Al amanecer, el primer rayo de sol alcanza la superficie de la laguna y entonces el agua se agita, se alborota y emerge la cabeza chorreante del monstruo que mira y se acerca ... y en cuanto la chica tiene delante aquella enorme boca abierta de par en par y siente el vaho apestoso del aliento, le lanza dentro el rosario con todas sus fuerzas. Y ocurre el milagro. El rosario crece súbitamente hasta convertirse en una inmensa cadena que se enreda por dentro y por fuera de la bicha y la arrastra hacia al fondo.
- Según la mayoría de las versiones que escuché, la campesina del saco era la Virgen. Según todas, la serpiente aún sigue allí, apresada entre los goznes de la cadena. Nadie la ha vuelto a ver pero se sabe que por San Juan, al amanecer, cuando el primer rayo de sol pinta la laguna, se estremecen las aguas y parece oirse como un ruido metálico. La bestia recuerda que es el día y el momento de emerger para cobrar el tributo. Pero nopuede hacerlo porque las cadenas se lo impiden y, después de un rato de furia, regresa al letargo.
- Algunos han querido comprobar si esto que ocurre en las mañanas de San Juan es cierto, pero todos fracasan porque, al parecer, por alguna razón imposible de explicar, nadie aguanta en vela al pie del agua hasta el momento en que el alba se anuncia.
Lo que fue de Santa Marta en Montrondo no se sabe. En cuanto a Santa Marina, cuando su culto fue exportado a occidente, en algunas regiones pasó a llamarse Santa Margarita. En las representaciones más antiguas -iconos coptos y bizantinos- aparece agarrando al demonio y propinándole golpes de maza en la cabeza, en alusión a la victoria sobre el pecado. Entre nosotros, el diablo fue reemplazado por un dragón y la leyenda incorporó un episodio nuevo, ese demonio bajo la forma de un enorme reptil que habría atacado a la santa y que ella rechazó con la Cruz. A través de los siglos, la leyenda de Santa Marina de Antioquía se fue confundiendo con la de otras mártires y hay alguna que lleva el mismo nombre pero distinto gentilicio, como es el caso de la gallega Santa Marina de Aguas Santas.
A lo mejor en 2008, cuando traté el asunto por primera vez, el título Dolores de Cospedal tenía alguna gracia. Ahora no tiene ninguna, como tampoco la tienen las últimas noticias alusivas al retablo contra el que arremeten todos los meteoros desde que el techo de la iglesia se hundió hace ya muchos años.
En 2005 eché a rodar mi bolita de nieve por ver ver si,
unida a otras más gordas, el empujón surtía efecto. En 2009 volví a la carga. En 2011 pareció que nos habían hecho
caso. Por la prensa y por Bruno, el cura que atiende no sé cuántas parroquias de Babia y Laciana, supe que pronto estaría reparada la iglesia de Cospedal, con su tejado, su piso y su puerta
nuevos. La restauración se esperaba para la primavera de 2012 merced a una subvención aprobada por Fomento. Pero acabo de saber que, de lo dicho, nada. Que la podadora de presupuestos alcanzó también esta partida y al templo de Cospedal parece que, definitivamente, le toca ser ruina romántica, cobijo de bichos varios, jardín de sabugueiros e inspiración de poetas. En cuanto al retablo, vuelve el polvo a la tierra como era en un principio y el espíritu
retorna a quien se lo dio. O sea, dicho en laico prosaico, a tomar pol saco la madera, el arte del tallista y la memoria de los cospedalinos de entonces.
Otra pieza que se pierde en nuestro lacerado paisaje cultural, claro que, en los días que vivimos, esto es comprensible. Si la podadora entra sin duelo en los presupuestos de salud, dependencia y enseñanza, natural será que lo haga con la partida para arreglo de iglesias de pueblo poco significantes en estos reinos donde tanto arte sacro abunda. León y Castilla, el museo más grande del mundo.
El concepto Paisaje Cultural se define como el resultado
de los procesos ocurridos a lo largo de los siglos en un territorio a
consecuencia de las formas de vida y del trabajo de su gente. Eso
incluye valores naturales y culturales, materiales e inmateriales,
tangibles e intangibles.
En
estos días de tamaña necedad y desvergüenza, el paisaje cultural tiene
una consideración casi nula y un precio ridículo por mucho que su valor sea
de verdad enorme, incalculable, capaz de aportar grandísimos beneficios materiales e inmateriales, tangibles e intangibles a comarcas como éstas del Luna, el Omaña y el Alto Sil.
1.- Carretera de León a Villablino. 2.- Estrechón y Cueva de Barrumián. 3.- Iglesia de Cospedal.
Cospedal es un lugar de Babia venido a menos, como todos. El INE le atribuye treinta y dos habitantes aunque quizá ya no sean tantos. Nació y creció en un terreno algo apartado, más o menos a la altura del famoso Riolago pero al norte, al otro lado de las vegas por donde el Luna se extravía. Entre el camino principal de las Babias y el caserío de Cospedal hay un espinazo rocoso que, aun teniendo poca altura, hace la aldea más discreta. A ella se accede por la abertura que el río encontró cuando era poderoso y encauzaba los deshielos desde el Agua de las Collares y el Vacheoscuro. Y ahí mismo, en la puerta de Cospedal, en la base de la peña que cae por la mano derecha, se ve la entrada a la Cueva de Barrumián.
Acceso al vestíbulo de la cueva de Barrumián.
Dicen que es posible descender a estancias inferiores de esta caverna que en otro tiempo sirvieron como osario para animales domésticos y alimañas silvestres como el Hermano Lobo.
Me gusta hurgar en lo que se escribe sobre el posible origen y significado del nombre de los pueblos.Xosé Lluis García Arias dice que quizá el céltico uaspam > guaspa > gaspa > caspa sea responsable del asturiano caspiu -peñasco, tipo de piedra cascajosa- y es posible que un abundativo de caspiu lo tengamos en el pueblo babiano de Cospedal, aunque también se ha querido interpretar como un derivado del latín cuspidem.
¡Nieve ligera, copo blando, cuánto ardor en masa! (Jorge Guillén)
Poco más allá de la cueva está el cartel de bienvenida al pueblo, a 1.300 metros de altitud, donde cuando el cielo manda la nieve que alumbra de noche y de díalo puede hacer sin tasa y cuando el sol asoma no hay ojo que resista el ardor del paisaje.
El arroyo de Cospedal baja por el medio del pueblo y lo hace casi desmandado en
estos días de enero en que se están sucediendo las nevadas y las blanduras
con una cadencia que parece trastornada.
En el cementerio -koimetérion o dormitorio en griego- los creyentes anhelaban que sus cuerpos reposaran en paz hasta ver qué se resolvía en el Día del Juicio. Aunque ya en el siglo VI el derecho civil y el canónico acordaron alejar las tumbas del interior de las iglesias, quien tenía posibles siguió reservando plaza en las naves y capillas mientras la clase de tropa se conformaba con una parcelita a la intemperie, aunque próxima a los muros del templo. Los gobiernos del Siglo de las Luces promovieron la construcción de cementerios nuevos lejos de las poblaciones. En el caso de Cospedal, como en tantos otros, el problema de los muertos se resolvió a costa del de los vivos. Estos penitenciaban para acudir a misa cuando caían nevadas como la presente y los otros se reciclaban allá arriba tranquilamente.
Siguiendo el camino de la iglesia y el cementerio, un poco más allá, al pie de una peña, mana la Fuente del Abedul. Así se llama aunque hace tiempo que al abedul lo sustituye un fresno. En su Relato de Babia, Luis Mateo Díez da cuenta de un filandón al que asistió y en el que escuchó relatar cómo antiguamente, por Jueves Santo, era costumbre que los niños pasaran la fuente del Abedul entrando por el agujero que hay encima de la roca y saliendo por el manadero. Parece que el pasadizo está ya atascado o muy deformado.
Y, para terminar, vamos con la crónica de una unción de hombre y mujer que no fue bendecida en esta iglesia y al pie de este retablo hoy huérfano. Una crónica social versificada por el reverendo páter don José Arienza, cura de Villasecino y de Riolago, su pueblo natal. El relato, repetido en centenares de filandones, es por tanto patrimonio cultural e inmaterial a conservar. Se titula Cosa nueva en villa vieja y como entró en decires hace más de un siglo -el vate falleció en 1911 y los hechos debieron de ocurrir bastante tiempo atrás- ya no da lugar a escoceduras.
¡Ay, o tempora, o mores, (1)
oh tiempo de los degorrios! (2)
¿Qué ha pasado en Cospedal?
Pues nada, que un zascandil,
aunque no en forma legal,
contrajo por lo civil
con una … tal para cual.
Contrajo, sí, un avestruz
muy orondo y muy fresquito
sin presencia del juzgado
de aqueste nuestro distrito.
Y en realidad, de verdad,
¿para estar amontonado (3)
hay tal vez necesidad
de que intervenga el juzgado?
Si es o no invención moderna,
vive Dios que no lo sé,
pero el casamiento fue
en medio de una taberna.
Allí que llegan sedientos
varios pejes de lo lindo
chiflan, fuman, cuentan cuentos,
pónense más que contentos,
incluso don Gurrosindo.
- ¿Me recibes por mujer?
- Sí, hermosa, ¿y tú serás mía?
Sí, hermosísimo Cupido,
te recibo por marido
con grandísimo placer.
Tal, sin más requerimiento
y sin otra ceremonia,
celebrose el casamiento
que está sirviendo aún de cuento.
¡Válgame santa Apolonia!
De lo cual inferirás,
lector mío muy amado,
que el caso fue por detrás
de la
Iglesia y del Estado.
Y sacarás, cual yo saco,
que a tan peregrina unión,
entre el humo del tabaco
no le faltó bendición
pues la bendijo el dios Baco.
Y por cierto y a fe mía
que el sitio sí fue aparente
por más que alguno se ría,
que el acto no merecía
otro local más decente.
¿Qué digo? Ni eso merece
un matrimonio civil.
Lo que sí le pertenece
es -y apelo a León Trece-
de cerdos una cubil.
Hasta Manuel Tarandón,
con ser mozo de parada,
si hoy viviera, de esa unión
apartara, y con razón,
la vista escandalizada.
Gime y llora, oh Cospedal,
que a tu frente sin arruga
y limpia a carta cabal
le ha salido una verruga
con el casorio infernal.
¡Oh mengua! ¡Y que esa importuna
pareja de cascanueces
se ufane con tal fortuna
de haberse librado de una
serenata de almireces! (4)
¡Qué cosas se ven! ¡Qué cosas!
Cásanse viudos y viudas
y hay cencerradas ruidosas
y están las cencerras mudas
ante uniones vergonzosas.
Cuando así se enlazan dos
en el Siglo de las Luces,
ganas me dan, vive Dios,
de apellidarle el de los
alcornoques y avestruces.
Lector discreto: ¿no sientes
que hoy no esté vivo el gran Cueta (5)
para alegrar a las gentes
a costa de estos dos entes
con sus golpes de poeta?
¡Quién al presente me diera
el pincel y los colores
de Gabriel y su
mollera,
para echar a la cabrera
docena y media de flores!
¿Flores dije? No, no tal,
porque es ésta una palabra
que reprueba la moral.
Flores no, que suena mal
echarlas a una casada.
Flores, flores, Dios me asista,
que el gachó recién casado
tendrá oído delicado
pero, en materia de vista,
no fue muy afortunado.
En efecto, se casó
el novio, pero no vio
lo que su desdicha labra:
que esa con quien se casó
es una completa cabra.
No vio el novio y aún no ve
porque -ten, para, componte-
¡barajo!, ¿me entiende usté?
Todo el mundo sabe … ¿qué?
¡Que la cabra tira al monte!
Vamos, ¿no tengo razón?
Si eres franca y nada zorra,
cabra, en más de una ocasión
¿no has entrado en intención
de echar al majo a la porra?
Porque, ¿no es cierto también
que, por cabra y casquivana,
hubo ya más de un belén
entre ambos y que muy bien
él te zurró la badana?
Mal vivís y mal estáis
y en el pecado lleváis,
lleváis, sí, la penitencia
y a un abismo camináis.
¿Y qué os dice la conciencia?
Cucú, cucú y más cucú
canta el cuco, pero tú,
hembra real cospedalina,
de su pico oirás "¡concú!"
y lo demás se adivina.
Recuerdo que, allá en mis tiernos
años, cantaba un charrán:
Cabra mocha nun tién cuernos.
Si ha ti salido no te han
por parte de los infiernos,
deja, ya te los pondrán.
Si el demonio está en infierno
justo es pues delinquió,
mas, si nunca se casó,
¿por qué lo pintan con cuernos?
Retírate, buena alhaja,
deja el nido dominguil
y vuélvete al gran Madril.
Si allí peta, aquí non
cuacha (6)
el matrimonio civil.
¿Lo oíste, buena muchacha?
¿Lo oíste, rubia gentil?
¿Lo ha oído usted, cucaracha?
Repito, que aquí non
cuacha
el matrimonio civil.
Permitidme, remonó,
que al final de mi trabá,
a ti te llame Porcó
y a él le llame Porcá.
________________________ (1) O tempora o
mores. ¡Qué tiempos, qué costumbres! Sentencia de Cicerón válida para cualquier tiempo en el que a uno le toca vivir.
(2) Degorrios: demonios en gallego y asturiano antiguo.
(3) Amontonado:
amancebado, no casado por la iglesia.
(4) Con las cencerradas, especie de serenatas mordaces acompañadas por ruido de esquilas, campanos y golpes de almirez, expresaban los mozos el rechazo
a cualquier matrimonio inconveniente como el de viejo con joven, forastero con moza del lugar o viudos con solteros. (5) El Gran Cueta o Páter Cueta fue
precursor de Arienza en el sacerdocio y la crónica social versificada.
(6) Aquí non cuacha:
en la lengua del país, aquí no cuaja,
aquí no se estila o no se admite.