Muy agradecido a los seguidores de este blog, os informo de que termina esta experiencia a la par que acaba el año. La noche que viene es la de los grandes propósitos, ya sabéis, y uno de los míos consiste en ... digamos que administrar mejor la aceleración del tiempo. Ojalá se cumpla esta aspiración y también todas las vuestras. Gracias.

Julio.

Nochevieja de 2013.


domingo, 8 de julio de 2012

Leyenda y reivindicación omañesa: El Castillo de Benal. (Actualizado).


Las luces del instante.
Dibujo sobre el agua del río Omaña a los pies del castillo de Benal.
Autores: brisa y trucha.


Quinteto para piano en La mayor D 667, La Trucha
de Franz Schubert.
Interpretado por Jacqueline du Pré,
Barenboim, Perlman, Zukerman y Zubin Metha.
(¡Casi nada!)




Entre la primera fotografía y las que siguen, que son recientes, median solo dos años.




La arboleda que medra frondosa junto a las magníficas tabladas del río Omaña, encubre compasiva la ruina del Castillo de Benal.
Las piezas de canto rodado con que fueron compuestos estos muros, quizá proceden de las montañas de escombro que dejaron las labores de la minería aurífera romana justo al otro lado del cauce.
Algunos lienzos de este castillo resisten todavía, después cinco siglos de equilibrismo, sobre el peñasco contra el que topa el agua  para virar al sur con omañesa resignación.  
La obra que aun puede verse por el oeste, hace tiempo que dejó de ser un torreón para erigirse en un portento.  El desgarro que muestran las imágenes parece un último recurso de autodefensa. El viento que se cuela por la brecha no empuja lo poco que aún se mantiene en pie y, así, el milagro permanece. Pero el nido de cigüeñas crece muy deprisa y, cualquier dia, el despegue de una de estas aves tumbará un tramo más.





Se supone que ya existía sobre este promontorio una fortificación, no solo desde los inicios de la reconquista sino desde mucho antes, desde la época castreña y la colonización romana. 
En el siglo XV, Diego Fernández de Quiñones I, "El de la Buena Fortuna", dispuso ampliar y reforzar la construcción medieval que, a lo largo de la Edad Moderna, volvería a ser objeto de reformas o adaptaciones para diversos usos. 
Del abandono sucedido en el XIX, el subsiguiente saqueo de las maderas o piedras más aprovechables e incluso del empleo de  materiales para consolidar el firme de la carretera que enconces se pavimentó, resultó un despojo. Un despojo menos patético que el presente ya que, desde entonces, la incuria continuó con su labor de zapa.
Sólo en el flanco oriental, el que el viajero descubre cuando llega por carretera desde la parte de León, la torre del homenaje, de planta cuadrada, aún mantiene el tipo.    





En el siglo XV, el padre del Primer Conde de Luna amplió esta construcción y la reforzó para hacer de ella una verdadera fortaleza, residencia ocasional y, ante todo, estación de control sobre la ruta omañesa hacia Leitariegos. Como es bien sabido, los Quiñones se enseñorearon durante mucho tiempo de los valles del noroeste leonés, de sus puertos ganaderos y de las vías de paso hacia Asturias. 






La leyenda del Castillo de Benal -historia, tradición, mito, invención- es, no obstante, muy anterior a los Quiñones o al Condado de Luna. 
Frente a la fortaleza, por la ribera sur del Omaña, sobre una extensión de 1000 metros de longitud por 300 de anchura, hay una escombrera originada por las labores que la gente de los castros hizo aquí, en busca de polvo de oro, bajo la férula de unos funcionarios imperiales que ni siquiera tuvieron el detalle de inscribirlos en el convenio de la minería. (O sea, como ahora ocurre más allá del Puerto de La Magdalena). Basta con subir unos cien metros por la carretera de La Lomba y observar desde allí para ver la panorámica que muestra unas de las fotografías colocada más adelante.     




El caso es que, a finales del siglo XIX, el agustino Tirso López, natural de Cornombre y uno de tantos intelectuales omañeses aficionados en aquel tiempo a la historia y la arqueología, creyó haber descubierto aquí los vestigios de la ciudad pre-romana a la que Tito Livio se refiere en su Libro X, Década IV. Fray Tirso envió un informe a don Aureliano Fernández-Guerra, catedrático de la Universidad de Granada y reputado investigador y arqueólogo. En la misiva decía: “... supe que estaba usted preparando un mapa de la antigua Galicia y no dudo lo llevará a efecto, resucitando, como suele hacerlo, todas las ciudades y caminos romanos. Y porque supongo que incluirá el país de los antiguos Astures, me decido a hacerle una indicación no como quien da lecciones –líbreme Dios de tal presunción- sino porque “non omnia possumus omnes". He notado en todos los mapas que pude haber a la mano que en ninguno de ellos se hace mención de una ciudad que hubo cerca del río Órbigo y debe figurar entre las antiguas célticas o entre las romanas. El sitio de esta ciudad y sus restos, que no otra cosa queda de ella, se halla en la margen derecha del río Órbigo, en la comarca que llaman Omaña. En una larga y espaciosa llanura que pertenece a los pueblos de Vega y Santibáñez de Arienza, se descubren los indicados restos que consisten en montecitos de piedras... No parece improbable que ésta sea la antigua Urbicua de que habla Tito Livio... El sitio donde está hoy se llama La Puebla... Entre el caserío y la sierra, hay tres zanjas anchas, profundas y paralelas. Más al norte se descubren varios órdenes de cimientos y escombros de casas pequeñas y bien ordenadas... En un montecito de roca bañado por los dos ríos y como formado por Dios a propósito, hay un castillo sin duda alguna de la época de los romanos, aunque por dentro tiene obras de época muy posterior.... El grandioso castillo mencionado, que según algunos se comunicaba por debajo del río con la ciudad, da a entender que aquello sirvió de punto estratégico ...  Dan más fuerza a esta opinión los restos de minas explotadas en aquellas comarcas...  Existen poderosas razones para creerla o fuerte ciudad de los antiguos habitantes o más bien la Legio Super Urbicum que los romanos colocaron allí.
Al norte de la población y a la margen izquierda del río se han descubierto algunos sepulcros. Últimamente, al trabajar en la explanación de la carretera a Laceana, en la margen dicha y al occidente del río que bajando de Santibáñez baña el castillo, descubrieron una habitacioncita abovedada, oculta toda bajo tierra ... Cierto joven que la vio me dice que había algunas figuras en varias piedras.
Sólo desearía pudiese serle en algo útil con estas mal trazadas líneas su afectísimo S.S. y Capellán Q.B.S.M. Fray Tirso López, Agustino.



Otros estudiosos omañeses, como el reconocido fray César Morán, abundaron en la misma propuesta que, finalmente, se quedó en nada. Pero conocer este episodio enriquece aún más la aventura de recorrer estos parajes. Como también la enriquece saber que, en los primeros años de la reconquista, ésta de El Castillo debió de ser una de tantas pequeñas fortificaciones que, según relató Alonso de Carvallo, mandó hacer Alfonso II sobre los caminos a través de la Cordillera,  donde quedasen algunos capitanes con gente de guarnición para su defensa.




En tiempos más recientes, el lugar de Las Ventas del Castillo de Omaña -apenas cinco casas o mesones y un molino de cereal, según me cuentan- fue lugar de parada y fonda y centro de negocios. En la confluencia de caminos,  entre la fortaleza y la ermita del Bendito Cristo, se celebraron regularmente ferias y un concurrido mercado ganadero que operó, cada martes, desde octubre a mediados de enero.  
Una turbamulta procedente de los pueblos de Omaña entera y de Laciana, Babia, El Bierzo y La Cepeda, a cuyo alrededor mugían o bramaban los estresados bóvidos, las verduleras y confiteras gritaban sus proclamas, artesanos de diversos gremios pregonaban su mercancía, gruñían a coro los gochos vizcaínos, asturianos y extremeños, toda clase de équidos competía en rebuznos, bufidos y relinchos, por doquier chapoteaban traicioneramente las boñigas, el abigarrado personal saludaba a voz en grito, urbi et orbe, durante las interminables vueltas y revueltas, como si hubieran transcurrido varios años desde el anterior encuentro y, para completar el guirigay, gozaban de unas horas de solaz aquellos estudiantes que, por las buenas o estacazos, aprendían gramática latina en la vecina Vegarienza. A mediodía, en los mesones de Amaro, Severiano y Cubría, la confusión iba en aumento con las colas, demandas,  empujones, reclamaciones y un incesante entrechocar de jarras, tarteras y platos rebosantes de carne de pollo y de oveja. Venían luego los cafés y las botellas de coñac y las timbas, los guantazos retumbando sobre el tablero, el griterío creciente, destemplado y bronco y la humareda espesa de habanos rumbosos y villanos mataquintos que terminaba de conferir a cada recinto el aspecto de un campo de batalla.
A mediados del pasado siglo, la actividad entró en rápida decadencia. Me contaron que a las ferias de los últimos tiempos no sólo acudían los ganaderos, tratantes y artesanos sino también vendedores al pormenor de dulces, frutos secos, baratijas, mercería, calendarios y hasta mercancía clandestina (v.g.: condones). Entre los personajes más recordados se recuerda a La Pucha de Riello, trabajadora, valiente, sentimental y máxima cronista local. Mientras  revolvía el tambor de asar castañas, relataba sucesos y tragedias y se hartaba de llorar. A su lado solía calentarse Cosme, buhonero proveedor del Calendario Zaragozano y del Taco del Sagrado Corazón de Jesús.
A la rica castaña caliente  -gritaba La Pucha.
A duro el taco –añadía Cosme en baja voz.
No hay castaña más dulce que la mía y la de mi hermana María –apuntillaba La Pucha.
A duro el taco –insistía Cosme.




EL CASTILLO, HOY



¿Qué se esconde bajo el agua? Fijaos bien.

Acerca de los elogios que Miguel Delibes hizo a Paulino El Guarda y a las tabladas trucheras
del río Omaña, donde El Castillo se refleja, tendremos que hablar en otra ocasión, cuando me
asesoren dos amigos, grandes pescadores ellos.

















Durante el primer decenio de este siglo, el país del agua y de los pastos infinitos conoció una experiencia ganadera a cuyo desarrollo muchos asistimos con atención y grandes esperanzas. Aquella fue una década de sueños, ambiciones, quimeras e insensatez que terminó con la sacudida, la conmoción que hoy nos tiene, como poco, aturdidos.
Hasta aquí llegó el proyecto de recuperación de la raza bovina sayaguesa, que imaginaba ver algún día, pastando libremente en los montes de Omaña, una reserva de tres mil bueyes que habrían de garantizar el abastecimiento continuo de carne y de diversidad de productos derivados, de óptima calidad, para las más selectas cadenas de alimentación, carnicerías y restaurantes de España y del mundo. Al mismo tiempo, en la cría de ejemplares de la especie protegida del burro zamorano-leonés se basaría un magno plan de promoción turística y dinamización económica capaz de resucitar esta comarca.



Llevaba en la cabeza
una lechera el cántaro al mercado
con aquella presteza,
aquel aire sencillo, aquel agrado,
que va diciendo a todo el que lo advierte
¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!

(Samaniego)

Los bueyes y vacas que quedan después aquel delirio precioso en el que creímos, aún permanecen en Omaña, en la explanada entre El Castillo y el río, a la espera de que ser trasladadas por un comprador a otra provincia, no sé qué fin exactamente. Ojalá tenga más suerte.





Fruto asimismo de esta década de los innumerables prodigios -sustentados en el tinglado gestor de subvenciones y comisiones- es el hermoso parque vecino al río y al castillo de Benal. Ojalá haya en adelante medios para proteger este jardín -donde el río y la ribera son lo principal- y para mantener los artilugios lúdico-deportivos donde deberían hacer salud los ancianos omañeses y los hijos de los pescadores que vienen de la ciudad. 




Cuesta creer que el ayuntamiento de Riello, presidido durante treinta años por un político con aparente capacidad de influencia en la Diputación Provincial, al menos durante los últimos y prodigiosos tiempos, no lograse detener la ruina de un monumento tan significante. Tampoco lo consiguió quien fuera Presidente de la Diputación y Delegado de la Junta de Castilla y León, aun cuando las piedras de la reliquia histórica que se desmorona ruedan, al parecer, contra una casa de su propiedad. También cuesta creer que, en la cima del vecino Cueto de Rosales, los gobernantes hayan gastado un montón de dinero público en el arpa del viento, algo que el excursionista deberá ver y juzgar. ¿Consolidar lo que queda del castillo hubiera costado mucho más? Y, en términos puramente económicos, ¿hubiera sido menos rentable?
Hace poco tiempo, para la tercera edición del acontecimiento cultural Omafolk, el Instituto de Estudios Omañeses (IEO) consiguió la presencia del arquitecto Fernando Cobos, reconocido experto en arquitectura civil y militar del medioevo y el renacimiento, entre cuyas actuaciones se cuentan los trabajos de recuperación en el Castillo de La Mota, el Castillo de Ponferrada y el Castillo de Cornatel. El IEO dio así un primer paso para una intervención en el Castillo de Benal. Desgraciadamente, ahora vienen tiempos de austeridad y penitencia.

Ver http://www.diariodeleon.com/noticias/noticia.asp?pkid=549189


Las suaves ondulaciones que recorren la orilla sur del Omaña
entre Vegarienza y El Castillo son acumulaciones de piedras originadas
durante las explotaciones auríferas de la Hispania Romana.
En medio de la fotografía se ve El Castillo.




Para quienes no conozcan El Castillo de Omaña (el viaje desde León se hace en un suspiro), añado unas pocas imágenes que pueden interesar.
La serrería de los Hermanos Bardón (en la foto: edificio blanco a la orilla del río) está movida por fuerza hidráulica. Data de 1940. Las vigas del edificio fueron trabajadas aquí mismo con la gran sierra circular que aún está operativa.


Río arriba puede verse el azud que desvía el caudal necesario para mover la serrería.



Casa de Turismo Rural levantada en un emplazamiento excepcional:
justamente al pie de la torre oeste y a la misma orilla del río.



La ermita del Bendito Cristo, a cuatro pasos del castillo, fue remozada en varias ocasiones últimamente. (En 1961 aún estaba techada con paja de centeno). La bóveda, apoyada en pechinas donde se ven dibujados escudos de armas, lleva en la base esta inscripción: Paulo de Balcarce López Quiñones, Doña Catalina de Rabanal su muger y el licenciado Cristóbal de Balcarce López Quiñones cura de Santibáñez y Guisatecha hicieron esta hermita a su costa para veneración de este Santo Cristo. El dicho Cristóbal de Balcarce la dotó en un prado y una tierra como constará por la escritura. Acabose a ocho de junio del año 1657.
   

El Crucificado del siglo XIV o XV, a la par que imponente es el Cristo más feo de Omaña y de los valles adyacentes, lo que no deja de ser un atractivo más.


La virgen gótica que llaman “de la manzana”, una talla valiosa por su antigüedad, desmerece por su último repintado. 


Los exvotos -quedan ya pocos en esta ermita- son objetos cuya razón se comprende mal en los actuales tiempos. Además provocan repelús. En la imagen superior puede leerse que estando gravemente enferma doña Ramona Álbarez, vecina de Santibáñez de Arienza, su esposo Don Leandro Domínguez la ofreció con una misa cantada al Santo Cristo de este pueblo y por su voto alcanzó la salud en el año de 1851.


Sepan por fin los futuros visitantes a la Puebla del Castillo que Don Juan Manríquez de Lara Bravo de Guzmán, obispo de Oviedo, concede 40 días de indulgencias a todas las personas que rezaren un Credo. (Desconozco si la oferta sigue vigente).


Como veis, es mucho lo que hay que ver y disfrutar en El Castillo.
Y si acaso, para rematar, preguntad por la cocina de las hermanas Prieto.






3 comentarios:

montañés dijo...

mientras el omañes, el lacianiego, el babiano....no sean conscientes de que como omañeses, lacianiegos....por si solos no van a ningun lado esto ira de mal en peor, alimento para melancolias, resentimientos...mientras no sean conscientes de que un camino pasa por la unidad y reivindicacion politica conjunta que a dia de hoy esta estrangulada esto cada vez produce mas cansancio. hablar en el mismo rango que asturianos y gallegos es la mayor muestra de estulticia y desviacion que puede acontecer, y lo peor es que seguira asi se explique lo que se explique, tener que explicar lo obvio desemboca en la propia estupidez, asi que como ya lo explique en alguna ocasion no voy a volver a repetirme. estoy seguro que lo que se tiene es lo que se merece y posiblemente lo que se quiere.

Irma dijo...

La eterna decadencia de nuestro patrimonio cultural y etnográfico. Qué lástima!

Bonitas fotos aunque el pobre castillo esté de esa manera.

Un abrazote utópico, Irma.-

I.E.O. dijo...

Muchísimas gracias por esta entrada. Es, hoy por hoy, lo mejor sobre Beñal que hay en internet. Poco a poco, con estos gestos, conseguiremos algo esencial: que se conozcan estas muestras de nuestro patrimonio, totalmente desconocidas por el público. Todos conocen el Castillo de Coyanza o VIllafranca del Bierzo... pero muchos edificios singulares son totalmente anónimos.
Con ese conocimiento por parte del gran público será más fácil conseguir su salvación (bajo mi punto de vista).
En otro orden de cosas, señalas datos muy sugerentes, para mí lo más estimulante son las diversas teorías sobre su origen. Por supuesto que en tiempos romanos y aún anteriores ahí hubo algún tipo de edificación. También es posible que con Alfonso II se construyera una fortaleza para controlar el valle de Omaña. Y por supuesto están los datos más documentados, sobre las reconstrucciones de los Quiñones en torno al 1400.
Todo eso nos sugiere, por un lado, diversas interpretaciones sobre el origen de la actual construcción ¿será del S. IX?, ¿de tiempos romanos, como decía el Padre Tirso? ¿O será ya totalmente de tiempos de los Quiñones? (Yo me inclino por esto último, por su similitud con otros castillos de esa familia)
Por otro lado, nos induces a pensar que una excavación arqueológica nos abriría las puertas a datos totalmente insospechados y que nos harían conocer mucho mejor nuestra fortaleza.
PD: Mis abuelos y un tío mío trabajaron en la venta de debajo del castillo (mi padre nació allí) y fueron, por lo visto, mi abuelo y mi tío, los que taparon un pozo o cueva que había allí, por orden del “señorito Don Antonio”.