Muy agradecido a los seguidores de este blog, os informo de que termina esta experiencia a la par que acaba el año. La noche que viene es la de los grandes propósitos, ya sabéis, y uno de los míos consiste en ... digamos que administrar mejor la aceleración del tiempo. Ojalá se cumpla esta aspiración y también todas las vuestras. Gracias.

Julio.

Nochevieja de 2013.


lunes, 10 de diciembre de 2012

Babia: El mirador de La Roxiecha




Recordando a M. J.







Música de cuando eran de oro los vellones
de las ovejas que pastaban en Babia.



Volví a subir a La Roxiecha. Esperaba encontrarme con los corzos como la vez anterior, pero a media mañana no andaban por allí. Mala suerte.
Entre Quintanilla y Peñalba de los Cilleros, la peña de La Roxiecha -La Rojilla en castellano- es uno de los buenos miradores de Babia Alta y uno de los más accesibles. Lo saben bien los de las telecomunicaciones, que plantan allí sus picas. La cima, que se alcanza por una pista cómoda, es muy apropiada para quien quiera ver lo grande que es el mundo sin esforzarse demasiado.



   

La primera agitación emocional para el andarín que sube a La Roxiecha es la visión tan cabal de Peña Ubiña, a la distancia justa y en el marco adecuado para percibir de verdad su poderío. Pero quien venga a Babia por vez primera y solo tenga de este país el conocimiento mítico o el cliché -la noche serena y pletórica de estrellas, la niebla sutil tendida en las vegas al amanecer, la confusión de riscos y simas y puertos y arroyos y lagunas de belleza sublime, los cielos tan diáfanos, los caminos de reyes, las sendas de pastores, los varones ausentes en la estepa extremeña, las mujeres valientes frente al lobo del frío, el silencio sonoro perturbado por el rumor de un ladrido ronco, de una esquila, de la trucha que salta en las tabladas del Luna-, quien llegue aquí con esa estampa bien aprendida, recibirá un impacto anímico de mil primas de riesgo cuando vuelva la mirada hacia el poniente. 
Y esto del poniente va con doble sentido.


Hace cosa de dos años leí una entrevista que Antonio Lucas hizo Rafael Sánchez Ferlosio, el más extraordinario y lúcido de los escritores españoles. Una respuesta me quedó muy bien grabada:  
Esto ya no va a durar mucho más. Es cuestión de poco tiempo. El capitalismo lo destruye todo por dentro y por fuera. El mundo no va a sobrevivir. Se acaba en pocos años. Y el final no vendrá por una guerra, sino por una catástrofe económica / ecológica. No veo mejores posibilidades.

Parece que el Foro Económico Mundial que se reunirá en Davos próximamente coincide con la terrible predicción de Ferlosio. Dos tormentas, una ambiental y otra económica, están en curso de colisión y no se pueden atajar por separado.  

Y lo peor es que llegamos tarde. Se acaba el milenio de gracia. Ya solo nos queda la expiación.
Penitentiam agite o, como decía Salvatore, el monje que hablaba todos los dialectos -pachuezo incluido- y no hablaba ninguno: ¡penitanciágite!






De todas formas, entre tanto no suene la séptima trompeta, volvamos la vista hacia el valle del Luna ya que es grande el cúmulo de imágenes, sensaciones y motivos para la reflexión terapéutica que nos ofrece este mirador de La Roxiecha. 



La peña negra de El Castillo, con la aldea de Mena a sus pies,
la vega de Peñalba a la derecha y la de Cabrilanes a la izquierda.



Frente a La Roxiecha está la Veiga Chache de Piedrafita de Babia y esa Pena Larga con su lomo de cebra que viene a zambullirse bajo el aluvión que el decapitado río Luna extendió por aquí hace muchos miles de años.  
En el vallejo que tiene por su flanco derecho está la Laguna Grande y por el oeste, más allá del pinar de Piedrafita, El Picarachón es el mejor observatorio para comprender el fenómeno geológico hoy es conocido como la captura del río Luna por el Sil.

 
La Laguna Grande y helada.



También frente a La Roxiecha se ve el circo de La Fonfría, un paisaje soberbio y un aula geológica y etnográfica de primer orden.


Por las vegas del Luna adelante se ve Cabrillanes, capital de la Alta Babia, vigilada desde la Pena del Castiechu de Mena.


Y San Félix de Arce.



Y Robledo, Cospedal más allá y luego las Ubiñas.


Peñalba de Los Cilleros, justo en la base de La Roxiecha por su caída sur.



Cuánto trabajo.








Quintanilla y su fuente de Santa Marina, el manantial que bulle.
¡Ay, el agua!

 
 
  
Subí a La Roxiecha en otras ocasiones y allí me encontré con los corzos
tomando el sol en una poza, al abrigo del viento, a donde llegan cada día los
primeros rayos del sol. En esta ocasión no estaban. Mala suerte.








3 comentarios:

rutinasvarias dijo...

Hola Julio. Excelente entrada, y excelentes fotos. Desde hace tiempo sigo tu blog a pesar de no haber comentado nada hasta la fecha. Una cosilla: son corzos, y no rebecos lo que aparece en las fotografías. No está aclarado en el texto. Un saludo.

Julio A. R. dijo...

Gracias, amigo. Yo también sigo tu blog. Desde hace tiempo lo tengo en la lista de "favoritos". Es magnífico.
Ya he corregido el texto de "La Roxiecha" y he puesto una aclaración al final.

José dijo...

Me ha llegado por casualidad, mejor por medio de una medio babiana tu blog. Me ha encantado. Las fotos, muy buenas y hechas desde un buen sitio.
Un saludo
José Riesco